—¿Ha visto usted qué criatura?... Se va á casar mañana, y se espanta lo mismo que si le conociese de ayer... De seguro que ya está cerrada en su cuarto... Le va á costar á usted trabajo hacerla salir.
Miguel subió en efecto á la habitación de su novia y llamó á la puerta suavemente. No contestaron.
—Maximina—dijo conteniendo á duras penas la risa.
—¡No quiero! ¡no quiero!—respondió la niña con cierta precipitación cómica.
—Pero ¿qué es lo que no quieres?
—No quiero salir.
—¡Ah! no quieres salir... Pues mira, el cura no va á casarnos con tanta madera por el medio...
Hubo unos momentos de silencio. El hijo del brigadier arrimó la boca á la cerradura y dijo suavizando la voz:
—¿Por qué no quieres abrir, tonta?... ¿Te da vergüenza?
—Sí—articuló desde dentro la niña.