Merelo, un poco acortado, exclamó:
—¡Este Rivera siempre está de broma!... Pues señor—siguió, arrojando el sombrero sobre la mesa,—en este momento llego de la reunión arancelaria del Teatro del Circo...
—¿Quién habló? ¿quién habló?—preguntaron varios.
—Pues hablaron D. Gabriel Rodríguez, Moret y Prendergast, Figuerola y nuestro director; pero el que mejor habló fué D. Félix Bona.
—¡Hombre! ¿Y qué ha dicho?
—Pues empezó diciendo que él... el más humilde de todos los que allí estaban...
—¿Y usted, Sr. Merelo, no ha protestado contra esa afirmación?—preguntó Miguel desde su mesa.
Merelo le miró sin comprender; mas sintiendo al cabo el alfilerazo, hizo una mueca de disgusto y siguió, aparentando desprecio:
—Que él venía á hablar allí en nombre del comercio al por menor...
—No, pero usted, amigo Merelo—interrumpió el ex cura, que gustaba mucho de embromar al noticiero,—debió haber protestado contra aquello de la humildad.