El joven quedó un instante suspenso. Después preguntó con tristeza:

—¿No quieres casarte con el que yo te he traído?

—¡Me da mucha vergüenza!

—Pues es costumbre casarse con traje blanco; sobre todo, las niñas como tú.

—Aquí no es costumbre... Me moriría de vergüenza.

Miguel trató suavemente de persuadirla, pero en vano. Agotadas sus razones, que no eran muchas, no tuvo inconveniente en transigir. Mas D.ª Rosalía había percibido algo y, levantando la cabeza, preguntó:

—¿Qué es eso? ¿Disputaban ustedes?

—Nada, D.ª Rosalía. Maximina no quiere casarse con el vestido blanco, porque le da vergüenza.

Oir esto y ponerse furiosa la estanquera, fué todo uno.

—¿Y usted hace caso de esa bobalicona? ¿Qué sabe ella lo que quiere y lo que no quiere?... ¡Se habrá visto!... ¡Un traje tan rico como usted ha traído, que habrá costado un dineral!... ¡Pues estamos frescos!... ¿Y qué quiere que se haga con ese vestido?...