—¿Dónde?—preguntó aturdido.
La dama paseó una mirada intensa y ansiosa por la habitación.
—Aquí—dijo corriendo a un armario embutido en la pared y abriendo el compartimento inferior.
Miguel se metió allá de cabeza. Lucía dio la vuelta a la llave. En aquel momento entraba la doncella.
—¿Qué hay, Carmen?—preguntó con gran calma, dirigiéndose al espejo para arreglar el pelo.
—Señorita, vengo a darle cuenta del billete que me entregó por la mañana.
—¡Ah! sí... el billete... ¿De cuánto era?
—De diez duros.
—Bien, ¿qué ha comprado V.?
—Los botones para el vestido de la niña, han costado veintisiete reales...