—¿Qué más?

La sombrilla de miss Ana, que he pagado yo; no la han querido dar menos de tres duros.

—Bien; son cuatro duros y siete reales.

—La corbata para Chuchú... catorce reales.

—Son... cinco duros y un real... ¿se la ha puesto ya?

—No, señorita; mañana cuando vaya a paseo; es muy bonita; a María le ha gustado; ¿no sabe usted? El chico quería ponérsela cuando salíamos del comercio... ¡Poco trabajo que me costó quitárselo de la cabeza!

—¡Pobre Chuchú!

—Cuando vio que no conseguía nada por las malas, se puso a hacerme caricias... ¡Anda, Carmelita, monina, ponme la corbata... te he de dar un dulce de los de la mesa...—Yo le decía:—¿El que te toque a ti?—Sí, sí, el que me toque a mí...

—¡Oh, qué malo!

—¡No sabe V., señorita, las monerías que hizo para sacármela!