—¿Para qué, para besarla? No quiero; es V. muy malo.

Miguel soltó una carcajada, reprimiéndola para que no le oyesen fuera.

—No, criatura; es para saber dónde está V. nada más.

Se sentó al lado de ella en una silla baja.

—¿Por qué se ha escapado V. de la tertulia?

—¿Y V. por qué me anda buscando?

—Para decirla a V. una cosa.

—¿Qué es?

—...Que la voy queriendo a V. mucho—dijo con acento apasionado, cogiéndola una mano.

La niña guardó silencio.