—Y que V. también me va queriendo a mí un poco, ¿no es verdad?
Tampoco contestó.
—Vamos, dígame V. que sí... aunque sea mentira.
—Yo no digo mentiras—manifestó la niña con voz dulce.
—¿Entonces, no me quiere V.?...
—Tampoco digo eso.
Miguel entusiasmado la abrazó.
—Pues yo te quiero, te quiero por lo hermosa y lo buena que eres...
Maximina al sentirse en los brazos del joven comenzó a temblar fuertemente.
—¡Suélteme V.! ¡por Dios me suelte V.!