—Buenas noches, papá.
—Buenas noches, hijo mío.
Miguel se acercó para darle un beso. El brigadier le retuvo entre sus rodillas acariciándole los cabellos.
—¿Cómo lo has pasado en casa de tu tío?
—Bien.
—¿Te has divertido mucho?
—Bastante.
—¿Supongo que no habréis hecho ninguna travesura que enfadase a la tía Martina?
—No, papá—respondió el chico sin vacilar, y le contó todo lo que había hecho aquella tarde, omitiendo lo que bien le pareció.
—Bien, así me gusta. Ahora tendrás ya deseos de irte a la cama, ¿verdad?... Vaya, pues a la cama, hijo mío, a la cama..... No quiero retenerte más..... a la cama, a la cama.....