D. Lorenzo seguía comiendo tranquilamente.

—D. Lorenzoooo—tornaba a gritar.

—¿Cómo?—decía aquél levantando la cabeza y poniendo la mano por detrás de la oreja.

—Que hoy he visto a Lagunaaa.

—¡Hum!—gruñía el viejo bajando de nuevo la cabeza y dándose ya por enterado de la broma.

—Me ha dicho, que es V. una persona muy simpáticaaa.

—¿Sí, eh?—refunfuñaba D. Lorenzo sin levantar la vista.

—Muchooo... y que probablemente vendrá un día de estos a hacerle a V. una visitaaa.

Esta noticia producía siempre risa entre los comensales, que estaban perfectamente enterados de todo.

—No lo creo.