—Pues en efecto, estoy en muy buenas relaciones; sí señor.
Hubo unos segundos de silencio. El hijo de Marte, apesar de su innata ferocidad, quedose un poco turbado. Al fin rompió a trompicones diciendo:
—Pero bien... esas relaciones... yo hace tiempo que la hago el oso... quisiera saber si es V. novio...
—¡Ah! eso es otra cosa: para que yo sea novio de ella hay una pequeña dificultad; y es que soy su hermano.
El cadete levantó los ojos, donde se pintaba el asombro, la alegría, la duda y algunas otras emociones secundarias que sería prolijo enumerar.
—¿Pero de veras es V.?...
—De padre nada más; no se asuste V.
Al cadete no le hizo efecto esta rectificación; siguió expresando con los ojos los mismos sentimientos, con idéntica viveza. Después, acometido súbito de una idea, la de que aquel paisano «se estaba quedando con él» se puso otra vez fruncido y enfoscado y volvió a sacar la voz de las profundidades de su pecho.
—Cabayero, yo no consiento que nadie se guasee conmigo.
—Hace V. perfectamente; aplaudo esa decisión.