—¿Y por qué no la quiere Manolo?—preguntó Núñez—. Blanquita es una preciosa criatura.
—Porque está enamorado de su mujer según dicen—respondió Enriqueta Atienza.
—¡Qué mal gusto!—exclamó la condesa—. Gorda como una barrica de aceite y bizca por añadidura... ¿Pero Manolo no se había casado con ella por el dinero?
—Todo el mundo pensaba eso y él mismo no se ocultaba para decirlo. Ahora al cabo de seis años resulta que se pone loco perdido por ella y tiene unos celos atroces de Marquina.
—¡Válgate Dios! ¡Después de tanto tiempo como llevan de relaciones! Me parece que Marquina entró en amores con ella antes de ser ministro, ¿verdad?
—Ya lo creo; ni soñaba con serlo. Pues a pesar de eso Manolo está furioso, persigue a su mujer y la vigila. El día menos pensado va a dar un escándalo provocando a Marquina.
—Muy mal hecho—profirió la condesa.
—Muy mal hecho—repitió Gustavo Núñez.
—Muy mal hecho—corroboraron el vizconde de las Llanas y Narciso Luna.
—Unos amores tan largos es cosa que debe respetarse—manifestó Enriqueta con profunda convicción.