Pocos días después un hombre enlutado se presentó en casa de Tristán. Era Samper. Había salido aquél y el agente iba a retirarse cuando vio en el corredor la figura de Clara que se asomaba para ver quién era la visita.
—Sólo venía, señora—le gritó desde la puerta—, a dar las gracias a su marido por el buen concepto que le merezco...
—Ha sido una equivocación según creo—respondió Clara toda turbada.
—Yo también me he equivocado, señora, porque pensé que los sabios como su marido serían los hombres más prudentes y los más delicados.
—Perdone usted... Él ha tenido un disgusto bien grande...
—Siento muchísimo habérselo proporcionado—replicó Samper con sonrisa sarcástica—. No deje usted de decírselo de mi parte y de darle las gracias igualmente por haber impedido que abrazase por última vez a mi padre y le cerrase los ojos...
Aquí la voz se le anudó en la garganta al pobre hombre y rompió a sollozar. Clara, llorando también, acudió a consolarle y después que partió se sintió indispuesta.
XIV
UN DESCUBRIMIENTO DEL PAISANO BARRAGÁN
Elena había logrado tener sus martes. Desde las cuatro recibía en su lindo boudoir a los amigos y amigas de más intimidad. Se charlaba, se reía, se tomaba te, se comían bastantes emparedados y se decían no pocas tonterías. Hecho lo cual entre siete y ocho de la tarde marchaba dignamente la elegante sociedad a prepararse con recogimiento para los emparedados y las tonterías de los miércoles de otra no menos amable señora. La institución de estos martes, por venerable que fuese, no había encontrado eco simpático en el corazón de Reynoso. No se opuso a su erección porque jamás contrariaba los gustos de su esposa, pero se reservaba el derecho de no contribuir a su esplendor. Pocas veces se le veía en aquel círculo, y cuando se dejaba ver sólo era por cortos momentos. Formábanlo, en su mayoría, las familias de la colonia veraniega del Escorial que Elena había tenido ocasión de tratar, pero también acudían otros elegantísimos miembros de la alta sociedad madrileña que no reparaban en sacrificar para ello algunas horas de su precioso tiempo.