—¡Por fin! Acercaos, Don Martín de la Carra. ¿Qué nuevas y sobre todo qué mensaje me traéis de parte de mi muy amado primo el de Navarra?
Era el recién llegado caballero de arrogante figura y majestuoso porte. Su moreno rostro y negrísimos ojos, cabellos y barba indicaban su origen meridional. Sobre el traje de corte llevaba luenga capa negra, de forma y material muy diferentes de los usados en Francia é Inglaterra. Adelantóse con mesurado paso y saludando profundamente, dijo:
—Mi poderoso é ilustre señor, Carlos, rey de Navarra, conde de Evreux y de Champaña y señor del Bearn, me ordena saludar fraternalmente á su muy amado primo Eduardo, príncipe de Gales, duque de Aquitania, lugarteniente....
—¡Basta ya, Don Martín! interrumpió impacientemente el príncipe. Conozco los títulos de vuestro soberano y ciertamente no ignoro los míos. Decidme sin más preámbulos si se halla libre el paso por los desfiladeros, ó si vuestro señor opta por faltar á la palabra que me dió pocos meses há, en nuestra última entrevista.
—Mal podría el rey de Navarra faltar á su palabra, dijo el enviado español con irritado acento. Lo único que mi ilustre soberano recaba es la prolongación del plazo para el cumplimiento de lo pactado, así como ciertas condiciones....
—¡Condiciones, aplazamientos! ¿Habla vuestro rey con el príncipe real de Inglaterra ó con el preboste de una de sus villas? ¡Condiciones! Yo se las dictaré bien pronto. Pero vamos á lo que importa. ¿Entiendo que hallaremos cerrados los pasos de la cordillera?
—No, Alteza....
—¿Libres, entonces, y expedito el paso?
—No, Alteza, pero yo....
—¡Nada más digáis, Don Martín! Triste espectáculo en verdad el de tan noble y respetable caballero abogando por causa tan mezquina. Sé lo que ha hecho Carlos de Navarra, y cómo mientras con una mano recibía los cincuenta mil soberanos de oro convenidos á cambio de dejarnos libre el paso de la frontera, tendía la otra mano á Don Enrique el de Trastamara ó al rey de Francia, recibiendo en ella rica compensación por disputarnos la entrada. Pero juro por mi santo patrón que tan bien como conozco yo á mi primo de Navarra me conocerá él á mí muy pronto. ¡Falso!...