—¿Sois jinete? preguntó el barón.

—He cabalgado mucho en las posesiones de Belmonte.

—Sin embargo, tendremos en cuenta la diferencia entre la pacífica mula de los frailes y el caballo de batalla. ¿Sois músico?

—Sé cantar y toco la cítara, la flauta, el rabel....

—¡Bravo! ¿Y en heráldica? ¿Leéis blasón?

—¡Oh sí, perfectamente! Lo aprendí, como todo lo demás, en el convento.

—Pues en tal caso, interpretad aquellas armas; y el señor de Morel señaló uno de los escudos que ocupaban el testero de la habitación.

—Plata; cuatro cuarteles, azul y gules; triple león rampante; la rosa heráldica, unida al blasón de la torre, plata sobre gules; brazo armado, con espada doble; grifo, medio vuelo y casco de cimera.

—Olvidásteis que uno de los tres leones, el de mis deudos los Lutrel, va también armado y los otros no. Pero bien está para un novicio. Sé que además leéis y escribís bien, cosa muy útil en ocasiones, cuando de un mensaje secreto depende la vida de muchos, la suerte de una plaza y quizás el éxito de la guerra. ¿Creéis poder servir de escudero á un noble en la campaña que vamos á emprender?

—Tengo buena voluntad y aprenderé lo que no sepa, contestó Roger, á quien llenaba de gozo la perspectiva de obtener aquel puesto cerca del barón.