—¡Oh! no es la miss la que me alarma por él.

—¿Qué quieres decir?

—Hemos sido muy imprudentes no previendo lo que sucede...

—¿Qué es ello?

—Lo que debía fatalmente suceder. Esos dos muchachos, jóvenes, guapos y educados libremente como hermanos... sin serlo... debían necesariamente llegar a experimentar el uno por el otro sentimientos poco fraternales.

—¿Crees que Raúl ama a Blanca?—preguntó Neris con ansiedad.

—Estoy segura, y hemos sido muy locos al no pensar en ello.

—¡Dios mío!

—Sin esa imprevisión imperdonable, no hubiera ciertamente educado a Blanca aquí con él.

—¡Oh! no sientas lo que has hecho, Hermancia; no sientas haber salvado a tu hermano de la desesperación...