Pero no por eso perdió la ocasión de preguntar con maña:

—¿La institutriz de mi pobre Blanca? Sí, era una persona de mérito—añadió con indiferencia.—¿Qué ha sido de ella?

—Sigue en Candore.

—¿Empleada de Correos?

—Empleada de Correos.

—Por cierto que he creído ver una figura nueva al pasar por delante de la oficina; un militar...

—Es su hijo adoptivo... un pariente... el capitán Raynal.

El conde de Candore hizo sonar la lengua con expresión de duda.

—¿Crees tú en los hijos adoptivos, tío?

El anciano respondió con cierto dejo de severidad: