—Pero yo también soy como usted, tío mío, estoy construido a cal y canto; es una herencia del abuelo Neris que estoy lejos de despreciar.

—En lo físico, pase aún; pero en lo moral...

—A miss Darling no le gustan los jóvenes; me ha expuesto sus teorías sobre esto...

—Encontrará entonces, acaso, que lo eres demasiado—dijo el anciano con ligera ironía.

—En fin, no es su opinión probable lo que yo quiero conocer, querido tío, sino la tuya—respondió el diplomático con alguna impaciencia.

—Te lo repito, amigo mío; no he encontrado comparable con miss Darling más que una persona.

—¿Y era, si no es indiscreción?...

—Liette Raynal.

Raúl se mordió los labios.

En el estado de ánimo en que se encontraba, aquel nombre sonaba de un modo particularmente desagradable a su oído.