—¿Raúl? Es un buen muchacho; tiene ingenio... y un poco de corazón, no mucho...
—¡Oh!
—Incapaz de dejarse entusiasmar más de lo que dan de sí las riendas... Y su madre es un buen cochero.
—Le calumnia usted.
—No, amiga mía, le excuso.
—El respeto filial es un deber...
—Pero hay también otros...
—¿Más sagrados?
—Quizá... Cuando una joven honrada y crédula ha puesto toda su confianza en la palabra leal de un hombre, es mi parecer que no puede faltar a ella sin cometer una mala acción...
El flemático notario se había animado y hablaba con un calor que rayaba en indignación.