Aquí todos á porfía comenzaron á execrarla. Uno la llamaba Escila de marfil, otro Caribdis de esmeralda, peste afeitada, veneno en néctar.
Donde hay juncos, decía uno, hay agua; donde humo, fuego y donde mujeres, demonios.
¿Cuál es mayor mal que una mujer, decía un viejo, sino dos, porque es doblado?
Basta que no tiene ingenio, sino para mal, decía Critilo. Pero Andrenio:
Callad, les dijo, que con todo el mal, que me han causado, confieso que no las puedo aborrecer ni aun olvidar. Y os aseguro que de todo cuanto en el mundo he visto, oro, plata, perlas, piedras, palacios, edificios, jardines, flores, aves, astros, luna y el sol mismo, lo que más me ha contentado es la mujer.
¡Alto!, dijo Egenio. Vamos de aquí, que ésta es la locura sin cura y el mal, que yo tengo que decir de la mujer mala, es mucho. Doblemos la hoja para el camino.
Salieron todos á la luz de dar en la cuenta, desconocidos de los otros, pero conocidos de sí. Encaminóse cada uno al templo de su escarmiento á dar gracias al noble desengaño, colgando en sus paredes los despojos del naufragio y las cadenas de su cautiverio.
CRISI XIII
La feria de todo el mundo.