¿Qué mano de ahorcado es ésta?, dijo Critilo.

No es sino del verdugo, respondió Egenio, pues ahoga y mata.

Removióla un poco y al mismo punto comenzaron á rebullir ellos.

Mientras ésta ardiere, no despertarán.

Alquitrán
de amor.
Probóse á apagarla, alentando fuertemente; mas no pudo, que éste es el fuego de alquitrán, que con viento de amorosos suspiros y con agua de lágrimas más se aviva. El remedio fué echar polvo y poner tierra en medio. Con esto se estinguió aquel fuego más que infernal y al punto despertaron los que dormían valientemente, digo aquellos que por ser hijos de Marte son hermanos de Cupido. Los ancianos muy corridos, diciendo:

¡Basta! Que este vil fuego de la torpeza no perdona ni verde ni seco.

Los sabios, execrando su necedad, decían:

¡Que Paris afrente á Palas! Era mozo, é ignorante. Pero ¡los entendidos! Ésa es doblada demencia.

Andrenio entre los Benjamines de Venus malherido, atravesado el corazón de medio á medio, en reconociendo á Critilo se fué para él.

¿Qué te parece?, le dijo éste. ¡Cuál te ha puesto una mala hembra! Sin hacienda, sin salud, sin honra y sin conciencia te ha dejado. Ahora conocerás lo que es.