Parece que está muy apartada del comercio de las demás provincias y al cabo del mundo.

Aún había de estarlo más, pues todos la buscan y la chupan lo mejor que tiene: sus generosos vinos Inglaterra, sus finas lanas Holanda, su vidrio Venecia, su azafrán Alemania, sus sedas Nápoles, sus azúcares Génova, sus caballos Francia y sus patacones todo el mundo.

Díme, y de sus naturales, ¿qué juicio has hecho?

Ahí hay más que decir: que tienen tales virtudes, como si no tuviesen vicios, y tienen tales vicios, como si no tuviesen tan relevantes virtudes.

No me puedes negar que son los españoles muy bizarros.

Sí; pero de ahí les nace el ser altivos. Son muy juiciosos; no tan ingeniosos. Son valientes; pero tardos. Son leones; mas con cuartana. Muy generosos y aun perdidos. Parcos en el comer y sobrios en el beber; pero superfluos en el vestir. Abrazan todos los estranjeros; pero no estiman los propios. No son muy crecidos de cuerpo; pero de grande ánimo. Son poco apasionados por su patria y trasplantados son mejores. Son muy llegados á la razón; pero arrimados á su dictamen. No son muy devotos; pero tenaces de su religión y absolutamente es la primer nación de Europa odiada por tan envidiada.

Más dijeran, si no les interrumpiera su vulgar murmuración un otro pasajero, que con serlo y tan de priesa, tomaba muy de veras el vivir. Veníase encaminando hacia ellos y Critilo dijo:

Éste es el primer francés que topamos. Notemos bien su genio, su hablar y su proceder, para saber cómo nos habemos de portar con los otros.

¿Pues qué, visto uno, estarán vistos todos?

Sí, que hay genio común en las naciones y más en ésta. Y la primera treta del trato es no vivir en Roma á lo húngaro, como algunos, que en todas partes viven al revés.