Retrato, al fin, ponderó Critilo, de la humana fragilidad. Es la hermosura agradable ostentación del comenzar. Nace el año entre las flores de una alegre primavera, amanece el día entre los arreboles de una risueña aurora: y comienza el hombre á vivir entre las risas de la niñez y las lozanías de la juventud; mas todo viene á parar en la tristeza de un marchitarse, en el horror de un ponerse y en la fealdad de un morir, haciendo continuamente del ojo la inconstancia común al desengaño especial.
Después de haber solazado la vista deliciosamente, dijo Andrenio, en un tan extraño concurso de beldades, no menos se recreó el oído con la agradable armonía de las aves. Excelencias
de las aves. Íbame escuchando sus regalados cantos, sus quiebros, trinos, gorjeos, fugas, pausas y melodía, con que hacían en sonora competencia bulla el valle, brega la vega, trisca el risco y los bosques voces, saludando lisonjeras siempre al sol que nace. Aquí noté, con no pequeña admiración que á solas las aves concedió la naturaleza este privilegio del cantar, alivio grande de la vida, pues no hallé bruto alguno de los terrestres, con que los examiné uno á uno, que tuviese la voz agradable; antes todos las forman, no sólo insuaves, pero positivamente molestas y desapacibles. Debe de ser por lo que tienen de bestias.
Es, que las aves, acudió Critilo, como moradoras del aire, son más sutiles: no sólo le cortan con sus alas, sino que le animan con sus picos. Y es en tanto grado esta sutileza alada, que ellas solas llegan á remedar la voz humana, hablando como personas. Si ya no es que digamos, realzando más este reparo, que á las aves, como vecinas al cielo, se les pega, aunque materialmente, el entonar las alabanzas divinas. Otra cosa quiero que observes y es que no se halla ave alguna, que tenga el letífero veneno, como muchos de los animales y aquellos más que andan arrastrando, cosidos con la tierra, que de ella sin duda se les pega esta venenosa malicia, avisando al hombre se realce y se retire de su propio cieno.
Gusté mucho, ponderaba Andrenio, de verlas tan bizarras, tan matizadas de vivos colores, con tan vistosa y vana plumajería.
Y entre todas, añadió Critilo, así aves, como fieras, notarás siempre que es más galán y más vistoso el macho que la hembra, apoyando lo mismo en el hombre; por más que lo desmienta la femenil inclinación y lo disimule la cortesía.
Subordinación
de criaturas. Lo que yo mucho admiraba y aún lo celebro, dijo Andrenio, es este tan admirable concierto con que se mueve y se gobierna tanta y tan varia multitud de criaturas, sin embarazarse unas á otras; antes bien dándose lugar y ayudándose todas entre sí.
Eso es, ponderó Critilo, otro prodigioso efecto de la infinita sabiduría del Criador, con la cual dispuso todas las cosas en peso, con número y medida. Porque, si bien se nota, cualquiera cosa criada tiene su centro en orden al lugar, su duración en el tiempo y su fin especial en el obrar y en el ser. Por eso verás que están subordinadas unas á otras, conforme al grado de su perfección.
De los elementos, que son los ínfimos en la naturaleza, se componen los mixtos y entre éstos los inferiores sirven á los superiores. Esas yerbas y esas plantas, que están en el más bajo grado de la vida, pues sólo gozan la vegetativa, moviéndose y creciendo hasta un punto fijo de su perfección en el durar y crecer, sin poder pasar de allí, éstas sirven de alimento á los sensibles vivientes, que están en el segundo orden de la vida, gozando de la sensible sobre la vegetante y son los animales de la tierra, los peces del mar y las aves del aire. Ellos pacen la yerba, pueblan los árboles, comen sus frutos, anidan en sus ramas, se defienden entre sus troncos, se cubren con sus hojas y se amparan con su toldo.
Pero unos y otros, árboles y animales, se reducen á servir á otro tercer grado de vivientes, mucho más perfectos y superiores, que sobre el crecer y el sentir añaden el raciocinar, el discurrir y entender: y éste es el hombre, que finalmente se ordena y se dirige para Dios, conociéndole, amándole y sirviéndole. De esta suerte, con tan maravillosa disposición y concierto, está todo ordenado, ayudándose las unas criaturas á las otras, para su aumento y conservación.
El agua necesita de la tierra que la sustente, la tierra del agua que la fecunde, el aire se aumenta del agua y del aire se ceba y alienta el fuego. Todo está así ponderado y compasado para la unión de las partes y ellas en orden á la conservación de todo el universo.