Aquí son de considerar también con especial y gustosa observación los raros modos y los convenientes medios, de que proveyó á cada criatura la suma Providencia, para el aumento y conservación de su ser y con especialidad á los sensibles vivientes, como más importantes y perfectos, dándole á cada uno su natural instinto para conocer el bien y el mal, buscando el uno y evitando el otro, donde son más de admirar, que de referir las exquisitas habilidades de los unos para engañar y de los otros para escapar del engañoso peligro.

Aunque todo para mí era una prodigiosa continua novedad, dijo Andrenio, renové la admiración al esplayar el ánimo con la vista por esos inmensos golfos. El mar. Paréceme que, envidioso el mar de la tierra, haciéndose lenguas en sus aguas, me acusaba de tardo y á las voces de sus olas me llamaba atento á que emplease otra gran porción de mi curiosidad en su prodigiosa grandeza. Cansado, pues, yo de caminar, que no de discurrir, sentéme en una de estas más eminentes rocas, repitiendo tantos pasmos, cuantas el mar olas. Ponderaba mucho aquella su maravillosa prisión, el ver en un tan horrible y espantoso monstruo, reducido á orillas y sujeto al blando freno de la menuda arena.

¿Es posible, decía yo, que no haya otra muralla para defensa de un tan fiero enemigo, sino el polvo?

Aguarda, dijo Critilo: dos bravos elementos encarceló suavemente fuerte la prevención divina, que, á estar sueltos, hubieran ya acabado con la tierra y con todos sus pobladores. Encerró el mar dentro de los límites de sus arenas y el fuego en los duros senos de los pedernales. Allí está de tal modo encarcelado, que á dos golpes que le llamen, sale pronto, sirve y, en no siendo menester, se retira ó se apaga; que, si esto no fuera, no había mundo para dos días, pereciera todo ó sumergido ó abrasado.

No me podía saciar, dijo Andrenio, volviendo al agua, de mirar su alegre transparencia, aquel su continuo movimiento, hidrópica la vista de los líquidos cristales.

Dicen que los ojos, ponderó Critilo, se componen de los dos humores aqueo y cristalino y esa es la causa porque gustan tanto de mirar las aguas: de suerte, que sin cansarse estará embebido un hombre todo un día viéndolas brollar, caer y correr.

Sobre todo, dijo Andrenio, cuando advertí que iban surcando sus entrañas cristalinas tantos peces, tan diversos de las aves y de las fieras, puedo decir con toda propiedad que quedó mi admiración agotada.

Composición
de oposiciones.
Aquí, sobre esta roca, á mis solas y á mi ignorancia, me estaba contemplando esta harmonía tan plausible de todo el universo, compuesta de una tan extraña contrariedad, que según es grande, no parece había de poder mantenerse el mundo un solo día. Esto me tenía suspenso. Porque ¿á quién no pasma ver un concierto tan estraño, compuesto de oposiciones?

Así es, respondió Critilo, que todo este universo se compone de contrarios y se concierta de desconciertos. Uno contra otro, exclamó el filósofo: no hay cosa que no tenga su contrario con quien pelee, ya con victoria, ya con rendimiento. Todo es hacer y padecer. Si hay acción, hay repasión. Los elementos, que llevan la vanguardia, comienzan á batallar entre sí, siguiéndoles los mistos, destruyéndose alternativamente. Los males acechan á los bienes, hasta la desdicha la suerte. Unos tiempos son contrarios á otros.

Los mismos astros guerrean y se vencen y, aunque entre sí no se dañan á fuer de príncipes, viene á parar su contienda en daño de los sublunares vasallos. De lo natural pasa la oposición á lo mortal, porque ¿qué hombre hay que no tenga su émulo? ¿Dónde irá uno que no guerree? En la edad se oponen los viejos á los mozos; en la complexión, los flemáticos á los coléricos; en el estado, los ricos á los pobres; en la región, los españoles á los franceses: y así en todas las demás calidades los unos son contra los otros. ¡Pero qué mucho, si dentro del mismo hombre, de las puertas adentro de su terrena casa, está más encendida esta discordia!