El despeñadero de la vida.

Cuentan que el Amor fulminó quejas y exageró sentimientos delante de la Fortuna, que esta vez no apeló como solía á su madre, desengañado de su flaqueza.

¿Qué tienes, ciego niño?, le dijo la Fortuna.

Y él: ¡Qué bien viene eso con lo que yo pretendo!

¿Con quién las has?

Con todo el mundo.

Mucho me pesa, que es mucho enemigo y, según eso, nadie tendrás de tu parte.

Tuviésete yo á ti, que eso me bastaría: así me lo enseña mi madre y así me lo repite cada día.

¿Y te vengas?

Sí, de mozos y de viejos.