Estuvo un rato como suspenso, entre dudas de reconocer y no conocer; mas luego, alzando la voz y señalando:

¿No ves, Andrenio, dijo, no ves? Mira allá, acullá lejos. ¿Qué ves?

Veo, dijo éste, unas montañas que vuelan, cuatro alados monstruos marinos, si no son nubes, que navegan.

No son sino naves, dijo Critilo; aunque bien dijiste nubes, que llueven oro en España.

Estaba atónito Andrenio, mirándoselas venir, con tanto gusto como deseo. Mas Critilo comenzó á suspirar, ahogándose entre penas.

¿Qué es esto?, dijo Andrenio. ¿No es ésta la deseada flota que me decías?

Sí.

¿No vienen allí hombres?

También.

¿Pues de qué te entristeces?