Al mismo instante, ella le puso en las manos muchos alados pies, con que volando, firmó el destierro de la Verdad, su enemiga, de todo el mundo.

Malos jueces. ¿Quién es aquel, preguntó Andrenio, que para andar derecho, lleva por apoyo el tormento, en aquella flexible vara?

Éste, respondió Quirón, es juez.

Ya el nombre se equivoca con el vendedor del justo. ¡Notable cosa que toca primero para oir después! ¿Qué significa espada desnuda, que lleva delante, y para qué la lleva?

Ésa, dijo Quirón, es la insignia de la dignidad y juntamente instrumento del castigo: con ella corta la mala yerba del vicio.

Más valiera arrancarla de cuajo, replicó Critilo. Peor es á veces segar las maldades, porque luego vuelven á brotar con más pujanza y nunca mueren del todo.

Así había de ser, respondió Quirón; pero ya los mismos que habían de acabar los males son los que los conservan, porque viven de ellos.

Mandó luego ahorcar, sin más apelación, un mosquito y que lo hiciesen cuartos, porque había caído el desdichado en la red de la ley; pero á un elefante, que las había atropellado todas, sin perdonar humanas ni divinas, le hizo una gran bonetada al pasar cargado de armas prohibidas, bocas de fuego, buenas lanzas, ganzúas, chuzones y aun le dijo que, aunque estaba de ronda, si era servido, le irían acompañando todos sus ministros, hasta dejarle en su cueva.

¡Qué paso éste para Andrenio! Y no paró aquí, sino que á otro desventurado, que encogiéndose de hombros no osaba hablar alto, lo mandó pasear.

Y preguntando unos por qué le azotaban, respondían otros: