Oyeron en esto un gran ruido, como de pendencia, en un rincón de la plaza, entre diluvios del populacho. Era una mujer, origen siempre del ruido. Muy fea; pero muy aliñada. ¡Mejor fuera prendida! Servíala de adorno todo un mundo, cuando ella le descompone todo.

Metía á voces su mal pleito y á gritos se formaba, cuando más se deshacía. Habíalas contra una mujer, muy otra en todo y aun por eso su contraria. Era ésta tan linda, cuan desaliñada; mas no descompuesta.

Iba casi desnuda. Unos decían que por pobre, otros que por hermosa. No respondía palabra: que ni osaba ni la oían. Todo el mundo la iba en contra, no sólo el vulgo, sino los más principales y aun...; pero más vale enmudecer con ella.

Todos se conjuraron en perseguirla, pasando de las burlas á las veras, de las voces á las manos. Comenzaron á maltratarla y cargó tanta gente, que casi la ahogaban, sin haber persona, que osase ni quisiese volver por ella.

Aquí, naturalmente compasivo Andrenio, fué á ponérsele al lado; mas detúvole el Quirón, diciendo:

¿Qué haces? ¿Sabes con quién te tomas y por quién vuelves? ¿No adviertes que te declaras contra la plausible Mentira, que es decir contra todo el mundo y que te han de tener por loco? Mentira
plausible.
Quisiéronla vengar los niños, con sólo decirla; mas, como flacos y contra tantos y tan poderosos, no fué posible prevalecer, con lo cual quedó de todo punto desamparada la hermosísima Verdad y poco á poco á empellones la fueron todos echando tan lejos, que aun hoy no parece ni se sabe dónde haya parado.

Basta. ¿Qué? ¿No hay justicia en esta tierra?, decía Andrenio.

¿Cómo no?, le replicó el Quirón; pues de verdad que hay hartos ministros suyos. Justicia hay y no puede estar muy lejos, estando tan cerca la Mentira.

Asomó en esto un hombre de afecto agrio, rodeado de gente de juicio y, así como le vió, se fué para él la Mentira á informarle con muchas razones de la poca que tenía.

Respondióla que luego firmara la sentencia en su favor á tener plumas.