Ésos son los más llegados.
¿Y aquellos dos enanos?
El Sí y el No, que son sus meninos.
¡Qué de promesas, qué de ofrecimientos, excusas, cumplimientos, favores! Hasta las alabanzas le acompañan.
Torció el espejo á un lado y á otro y, descubriendo mucha gente honrada, aunque no de bien:
Aquélla es la Ignorancia su abuela, la otra su esposa la Malicia, la Necedad su hermana. Aquellos otros sus hijos y sus hijas, los Males, las Desdichas, el Pesar, la Vergüenza, el Arrepentimiento, la Perdición, la Confusión y el Desprecio. Todos aquellos, que le están al lado, son sus hermanos y primos, el Embuste, el Embeleco y el Enredo, grandes hijos deste siglo y desta era.
¿Estás contento, Andrenio?, le preguntó el viejo.
Contento no; pero desengañado sí. Vamos, que los instantes se me hacen siglos. Una misma cosa me es dos veces tormento, primero deseada y después aborrecida.
Salieron ya por la puerta de la luz de aquel Babel del Engaño. Iba Andrenio á medio gusto, que nunca llega á ser entero. Examinóle el viejo de su nueva pena y respondióle:
¿Qué quieres?