Sí y mucho.

Pues no se habrá perdido para sí. ¿No supiste qué se hizo?

Díjome iba á la corte de una reina tan sabia, como grande, llamada Artemia.

Si era entendido, como dices, yo lo creo, allá habrá aportado. Consuélate, que allá vamos también, que quien te sacó del Engaño, ¿dónde te ha de llevar, sino al Saber? Digo á la corte de tan discreta reina.

¿Quién es esta gran mujer y tan señora, nombrada en todas partes?, preguntó Andrenio.

Y el anciano: Con razón la llamas señora, que no hay señorío sin saber. Comenzando por su nobilísima prosapia, dícense della cosas grandes. Aseguran unos que desciende del mismo cielo y que salió del cerebro Soberano. Otros dicen ser hija del Tiempo y de la Observación, hermana de la Experiencia. Ni falta quien por otro extremo porfía que es hija de la Necesidad, nieta del Vientre. Pero yo sé bien que es parto del Entendimiento.

Vivió antiguamente, que no es niña, sino muy grande en todo, como tan favorecida de las monarquías, en sus mayores cortes. Comenzó en los asirios, pasó á los egipcios y caldeos, fué muy estimada en Atenas, gran teatro de la Grecia, en Corinto y en Lacedemonia. Pasó después á Roma con el imperio, donde en competencia del valor, la laurearon, cediendo los arneses á las togas. Los godos, gente inculta, la comenzaron á despreciar, desterrándola de todo su distrito. Apuróla y aun pretendió acabar con ella la bárbara morisma y húbose de acoger á la famosa tetrarquía de Carlo Magno, donde estuvo muy acreditada. Mas hoy, á la fama de la mayor, la más dilatada y poderosa monarquía española, que ocupa entrambos mundos, se ha mudado á este augusto centro de su estimación.

¿Cómo no habita en su famosa corte, aplaudida de todas las naciones de tan universal imperio, venerada de sus cultos cortesanos; y no aquí en medio de la intolerable villanía?, replicó Andrenio. Que si son dichosos los que habitan las ciudades, más lo serán ellos, cuanto mayores ellas.

Porque quiere probarlo todo, respondió el anciano. Íbale muy mal en las cortes, donde tiene más enemigos, cuanto mayores vicios. Vivió ya entre los cortesanos, donde experimentó tan á su costa Vida de corte. las persecuciones de la infelicidad y de la malicia, la falta de verdad, la sobra de embeleco y aun averiguó que había allá más necedad, cuanto más presumida. Muchas veces la he oído decir que, si allí hay más cultura, aquí más bondad; si allí más puestos, aquí más lugar; allí empleos, aquí tiempo; allí se pasa, aquí se logra; y que esto es vivir y aquello acabar.

Con todo eso, replicó Andrenio, yo más quisiera haberlas con bellacos, que con tontos. Malo es todo; pero de verdad que la necedad es intolerable y más para entendidos. Perdóneme la sabia Artemia.