Relumbraba ya su alcázar, cielo equivocado, bordado todo de inscripciones y coronado de vítores. Fueron bien recibidos, con agradecimiento el viejo y Andrenio con abrazos, asegurándole certezas, quien no le regateaba permisiones.

Aquí, en honra de sus dos huéspedes, obró Artemia sus más célebres prodigios y, no sólo en los otros, sino en ellos mismos y más en Andrenio, que necesitaba de sus realces. Vióse muy persona en poco tiempo y muy instruído para adelante. Que, si un buen consejo es bastante para hacer dichosa toda la vida, ¿qué obrarían en él tantos y tan importantes? Comunicáronla su vida y su fortuna, noticia de superior gusto para ella, por lo raro. Alternó curiosa muchas preguntas á Andrenio, haciéndole repetir una y muchas veces aquella su primera admiración, cuando salió á ver el mundo, la novedad que le causó este gran teatro del universo.

Una cosa deseo mucho oirte, le dijo á Andrenio, y es entre tantas maravillas criadas, como viste, entre tantos prodigios como admiraste, ¿cuál fué el que más te satisfizo?

Lo que respondió Andrenio nos lo dirá la otra Crisi.


CRISI IX

Moral anatomía del hombre.

Eternizaron con letras de oro los antiguos en las paredes de Delfos y mucho más con caracteres de estimación en los ánimos de los sabios aquel célebre sentimiento de Biante: Conócete á ti mismo. Ninguna de todas las cosas criadas yerra su fin, sino el hombre.

Él solo desatina, ocasionándole este achaque la misma nobleza de su albedrío. Y quien comienza ignorándose mal podrá conocer las demás cosas. ¿Pero de qué sirve conocerlo todo, si á sí mismo no se conoce? Tantas veces degenera en esclavo de sus esclavos, cuantas se rinde á los vicios. No hay salteadora esfinge, que así oprima la viandante, digo viviente, como la ignorancia de sí, que en muchos se condena estupidez, pues ni aun saben que no saben ni advierten que no advierten. Desta común necedad padeció excepción Andrenio, cuando así respondió á la curiosa Artemia:

Entre tanta maravilla como vi, entre tanto empleo como aquel día logré, el que más me satisfizo, dígolo con recelo, pero con verdad, fuí yo mismo, que cuanto más me reconocía, más me admiraba.