¡No es cosa rara, que éste hable con las narices, por no tenerlas! Justo castigo es de sus imprudentes mocedades.

Fué tal el asco, que éste y todos los de su séquito tuvieron de su misma inmundicia, que no paraban de escupir al vil deleite, en venganza y por remedio; que hubiera sido mejor antes.

Los que rodaban por las espaldas del descanso, tardaban en el mismo caer; pero mucho más en el levantarse, que de pereza aun no vivían. Gente muy para nada; sólo sirven para hacer número y gastar los víveres. Nada hacen con buen aire y en él se paraban al caer, apoyando mórulas á Cenón; pero una vez caídos, siempre quedaban por tierra. Daban fieros gritos los que rodaban por el cuarto de las armas, que parecía el de los locos.

Venían muy maltratados y eran tales los golpes que daban y recibían, que escupían luego sangre de sus valientes pechos, vomitando la que habían bebido antes á sus enemigos: que es bravo quebradero de cabeza una venganza.

Solos los del cuarto del veneno se estaban á la mira, holgándose de lo que los demás se lamentaban. Y había hombres déstos que, porque se quebrase el otro un brazo y se sacase un ojo, perdía él los dos. Reían de lo que los otros lloraban y lloraban de lo que reían. Y era cosa rara que los que á la entrada enflaquecieron, engordaban á la salida, gustando mucho de hacer aplauso de desdichas y campanear ajenas desventuras.

Estaba Critilo mirando aquel malparadero de todos. Al cabo de un día, de siglos, vió asomar á Andrenio á la ventana de las flores en espinas. Asustóse mucho, temiendo su despeño. No le osaba llamar, por no descubrirse; pero con acciones acordaba el desengaño. Cómo bajó y por dónde adelante lo diremos.


CRISI XI

El golfo cortesano.

Visto un león, están vistos todos y vista una oveja, todas; pero visto un hombre, no está visto sino uno y aun ése no bien conocido. Todos los tigres son crueles, las palomas sencillas y cada hombre de su naturaleza diferente. Las generosas águilas siempre engendran águilas generosas; mas los hombres famosos no siempre engendran hijos grandes, como ni los pequeños pequeños. Cada uno tiene su gusto y su gesto: que no se vive con solo un parecer.