¿Qué es?
Que, pues tienes ya tomado el tino á la casa, volvieses á entrar y como sabio lo desengañases y librases.
No será de provecho, porque, aunque le halle y le hable, no me dará crédito sin el afecto. Mejor se moverá por ti. Y pues te ves obligado, que te pedirán la palabra, mejor es que tú entres y le saques.
Bien entraría, dijo Critilo, aunque lo siento. Pero temo que, como me falta la experiencia, me he de cansar en balde y no lo podré hallar, corriendo riesgo de ahogarnos todos. Hagamos una cosa: vamos los dos juntos, que bien es menester la industria doblada. Tú, como noticioso me guiarás, y yo, como amigo le convenceré y saldremos todos con victoria.
Parecióle bien el ardid. Fueron á ejecutarlo; mas la guarda, que la hay á la salida, teniendo por sospechoso al sabio, le detuvo.
Aquél sí, dijo señalando á Critilo. Que tengo orden de que entre y que le inste.
Mas él, volviendo atrás, se retiró con el sabio al reconsejo. Fuése informando de las entradas y salidas de la casa, de sus vueltas y revueltas y ya muy determinado iba á entrar, cuando de medio camino volvió atrás y dijo al sabio:
Una cosa se me ha ofrecido y es que troquemos de vestidos ambos. Toma el mío, conocido de Andrenio, que será recomendación y así disfrazado podrás desmentir la guarda entre dos luces; quedaré yo con el tuyo, ayudando al disimulo y aguardando por instantes siglos.
No le desagradó al sabio la invención. Vistióse á lo de Critilo, con que pudo entrar rogado.
Quedóse este viendo caer unos y otros, que no paraban un punto por aquellos despeñaderos del dejo. Despeñadero
de los vicios. Vió un pródigo, que lo despeñaban mujeres por el ventanaje de las rosas en las espinas. Y como venía en carnes el desdichado, maltratóse mucho. Hízose las narices, cuando más se las deshizo. Comenzó á hablar gangoso y duróle toda la vida, diciendo todos los que le oían: