No hay error sin autor ni necedad sin padrino y de la mayor, el más apasionado. Cuantas son las cabezas, tantos son los caprichos, que no las llamo ya sentencias. Murmuraban de la atenta naturaleza los reagudos, entremetiéndose á procuradores del género humano:

El haber dado principio á la vida por la niñez, la más inútil, decían y la menos á propósito de sus cuatro edades. Que, aunque se comienza á vivir á lo gustoso y lo fácil; pero muy á lo necio. Y si toda ignorancia es peligrosa, ¿cuánto más en los principios? Gentil modo de meter el pie en un mundo, laberinto común, forjado de malicias y mentiras, donde cien atenciones no bastan. ¡He!, que no estuvo esto bien dispuesto, llamémonos á engaño y procúrese el remedio.

Llegó presto el descontento humano al consistorio supremo: que oyen mucho las orejas de los reyes. Mandólos comparecer ante su soberano acatamiento y dicen oyó benignamente su querella, concediéndoles que ellos mismos eligiesen la edad que mejor les estuviese para comenzar á vivir, con que se hubiese de acabar por la contraria. De modo que, si se daba principio por la alegre primavera de la niñez, el dejo había de ser por el triste invierno de la senectud ó al otoño de la varonil edad habían de salir por el contrario, y si por el sazonado destemplado estío de la juventud. Dióles tiempo para que lo pensasen y confiriesen entre sí y que, en estando ajustados, volviesen con la resolución, que al punto se ejecutaría.

Mas aquí fué la confusión de pareceres, aquí el Babel de opiniones, ofreciéndoseles cien mil inconvenientes por todas partes. Proponían unos se comenzase á vivir por la mocedad, que de dos extremos, más valdría loco, que tonto.

Calificada necedad, replicaban otros: no sería eso entrar á vivir, sino á despeñarse; no comenzar la vida, sino su ruina, cuando no por la puerta de la virtud, sino del vicio, y, apoderados éstos una vez de los homenajes del alma, ¿quién bastará á desencastillarlos después? Advertid que es un niño planta tierna, que, en declinando á la siniestra mano, con facilidad se endereza á la diestra; mas un mozo absoluto y disoluto no admite consejos, no sufre preceptos, todo lo atropella y todo lo yerra. Creed que entre dos extremos más arriesgada corre la locura, que la ignorancia.

Sobre la achacosa vejez no tuvieron mucho que altercar, con que no faltó quien la propusiese, porque no quedase piedra por mover y todo se alterase.

¡He!, dijeron los menos necios, que ésa no es edad, sino tempestad, más á propósito para dejar la vida, que para comenzarla, cuyos multiplicados achaques facilitan la muerte y la hacen tolerable. Yacen dormidas las pasiones, cuando más despierto el desengaño; cáese el fruto de maduro y aun de pasado.

El que llegó á estar más adelantado fué el partido de la edad varonil.

Ése sí, ponderaban los resabidos, que es gran comenzar el mediodía de la razón y á toda luz del juicio. Ventaja única entrar á entero sol en el confuso laberinto de la vida. Ésa es la reina de las edades y lo mejor del vivir. Por ahí comenzó el primero de los hombres, así le introdujo en el mundo el soberano Hacedor, ya perfecto, ya consumado, hecho y derecho. ¡Alto!, pídasele al divino Autor sin más altercación esta excelencia.

Aguarda, les dijo un cuerdo, y ¿quién vió jamás comenzar por lo más dificultoso? Esto ni lo enseña el arte ni lo platica la naturaleza; antes bien ambas á dos proceden en todas sus obras haciendo ascenso de lo fácil á lo dificultoso, de lo poco á lo mucho, hasta llegar á lo muy perfecto. ¿Quién jamás comenzó á subir por el reventón de una cuesta? Apenas comenzaría á vivir el hombre y bien á penas, cuando se hallaría abrumado de cuidados, ahogado de obligaciones, consumido antes que consumado, empeñado en ser persona, que es lo más difícil de la vida. Y, si no son á propósito para comenzar los achaques de viejo, menos lo serán los afanes de hombre. ¿Quién querrá la vida, si sabe lo que es? Y ¿quién meterá el pie en el mundo, si le conoce? ¡He!, dejadle vivir al hombre para sí algún tiempo, que toda es suya la niñez y la mitad de la juventud. Ni tiene menores días en toda la carrera de sus años.