Fueron los primeros los italianos, porque llegaron primeros pidieron la testa.

Yo os la mando, dijo. Seréis gente de gobierno, mandaréis el mundo á entrambas manos.

Inquietos los franceses, fuéronse entremetiendo y, deseosos de tener mano en todo, pidieron los brazos.

Temo, dijo, que, si os los doy, habéis de inquietar todo el mundo. Seréis activos, gente de brazo. No pararéis un punto. Malos sois para vecinos.

Pero los ginoveses de paso les quitaron las uñas, no dejándoles ni con qué asir ni con qué detener las cosas. Pero á los españoles les han dado tan valientes pellizcos en su plata, que no hiciera más una bruja, chupándoles la sangre, cuando más dormidos.

Item más, dejo el rostro á los ingleses. Seréis lindos, unos ángeles; mas temo que, como las hermosas, habéis de ser fáciles en hacer cara á un Calvino, á un Lutero y al mismo diablo. Sobre todo, guardaos no os vea la vulpeja, que dirá luego aquello de ¡hermosa fachata, mas sin cerebro!

Muy atentos los venecianos, pidieron los carrillos. Riéronse los demás; pero el Valor:

No lo entendéis, les dijo: dejad, que ellos comerán con ambos y con todos.

Mandó la lengua á los sicilianos y, habiendo duda entre ellos y los napolitanos, declaró que á las dos Sicilias. Á los irlandeses el hígado. El talle á los alemanes.

Seréis hombres de gentil cuerpo; pero mirá que no lo estiméis más que el alma.