La melsa á los polacos, el liviano á los moscovitas. Todo el vientre á los flamencos y holandeses.

Con tal que no sea vuestro Dios.

El pecho á los suecos. Las piernas á los turcos, que con todos pretenden hacerlas y, donde una vez meten el pie, nunca más lo levantan.

Las entrañas á los persas, gente de buenas entrañas.

Á los africanos los huesos, que tengan que roer, como quien son.

Las espaldas á los chinos, el corazón á los japoneses, que son los españoles del Asia, y el espinazo á los negros. Manda á los Españoles. Llegaron los últimos los españoles, que habían estado ocupados en sacar huéspedes de su casa, que vinieron de allende á echarlos de ella.

¿Qué nos dejas á nosotros?, le dijeron:

Y él:

Tarde llegáis: ya está todo repartido.

¿Pues á nosotros, replicaron, que somos tus primogénitos qué menos que un mayorazgo nos has de dejar?