No sé ya qué daros. Si tuviera dos corazones, vuestro fuera el primero; pero mirá, lo que podéis hacer es que, pues todas las naciones os han inquietado, revolved contra ellas y lo que Roma hizo antes, haced vosotros después: dad contra todas, repelad cuanto pudiéredes, en fe de mi permisión.

No lo dijo á los sordos. Hanse dado tan buena maña, que apenas hay nación en el mundo, que no la hayan dado su pellizco, y á pocos repelones se hubieran alzado con todo el Valor de pies á cabeza.

Esto les iba exagerando á Critilo y Andrenio á la salida de Francia por la Picardía un hombre, que lo era y mucho. Pues, así como tienen unos cien ojos para ver y otros cien manos para obrar, éste tenía cien corazones para sufrir y todo él era corazón.

¿Saldréis, decía, con cariño de la Francia?

No por cierto, le respondieron, cuando sus mismos naturales la dejan y los estranjeros no la buscan.

Francia
definida.

¡Gran provincia!, dijo el de los cien corazones.

Sí, respondió Critilo, si se contentase con sí misma.

¡Qué poblada de gentes!

Pero no de hombres.