Son laboriosos.

Así es, al paso que codiciosos.

No me podéis negar que han tenido grandes reyes.

Pero los más de poquísimo provecho.

Tienen bizarras entradas para hacerse señores del mundo.

¡Pero, qué desairadas salidas! Que, si entran á laudes, salen á vísperas.

Acuden con sus armas á amparar cuantos se socorren de ellas.

Es que son los rufianes de las provincias adúlteras.

¿Son aprovechados?

Sí y tanto, que estiman más una onza de plata, que un quintal de honra. El primer día son esclavos; pero el segundo amos, el tercero tiranos insufribles. Pasan de estremo á estremo sin medio: de humanos á insolentísimos. Tienen grandes virtudes y tan grandes vicios, que no se puede fácilmente averiguar cuál sea el rey, y al fin, ellos son antípodas de los españoles.