Son dóciles.
Sí; pero fáciles.
Oficiosos.
Pero despreciables y esclavos de las otras naciones. Emprenden mucho y ejecutan poco y conservan nada. Todo lo emprenden y todo lo pierden.
¡Qué ingeniosos! ¡qué vivos! ¡y qué prontos!
Pero sin fondo.
No se conocen tontos entre ellos.
Ni doctos, que nunca pasan de una medianía.
Es gente de gran cortesía.
Mas de poca fe, que hasta sus mismos Enricos no viven esentos de sus alevosos cuchillos.