Pues yo te ofrezco, dijo el cortesano, mostrarte todo lo venidero, como si lo tuvieses aquí delante.

¡Brava arte mágica sería ésa!

Antes no ni es menester, cuando no hay cosa más fácil, que saber lo venidero.

¿Cómo puede ser eso, si está tan oculto y tan reservado á sola la perspicacia divina?

Vuelvo á decir que no hay cosa más fácil ni más segura. Porque has de saber que lo mismo, que fué, eso es y eso será, sin discrepar ni un átomo. Lo que sucedió docientos años ha, eso mismo estamos viendo agora. Y si no, aguarda.

Y echóse mano á una de las faltriqueras de la faldilla delantera y sacó una caja de cristales, celebrándolos por cosa extraordinaria.

¿Qué más tendrán esos, que los demás antojos?, decía Andrenio.

¡Oh, sí, que alcanzan mucho!

¿Qué tanto? ¿Más, que el antojo del Galileo?

Mucho más, pues lo que está por venir, lo que sucederá de aquí á cien años. Éstos los forjaba Arquímedes para los amigos entendidos. Tomad y calzáoslos en los ojos del alma, en los interiores.