¡Qué mala cara nos hará!
Antes no la hace, sino que la deshace.
Hablemos bajo, no nos oiga.
No hay que temer, que á nadie escucha ni oye razón ni querella.
Entró finalmente la tan temida reina, ostentando aquel su tan estraño aspecto á media cara. De tal suerte, que era de flores la una mitad y la otra de espinas; la una de carne blanda y la otra de huesos; muy colorada aquélla y fresca, que parecía de cosas entreveradas de jazmines; muy seca y muy marchita ésta, con tal variedad, que al punto que la vieron dijo Andrenio:
¡Qué cosa tan fea!
Y Critilo:
¡Qué cosa tan bella!
¡Qué monstruo!
¡Qué prodigio!