Es, dijo el ministro que estaba en medio de ambos, que la miráis por diferentes lados y así hace diferentes visos, causando diferentes efectos y afectos. Cada día sucede lo mismo, que á los ricos les parece intolerable y á los pobres, llevadera; para los buenos viene vestida de verde y para los malos de negro; para los poderosos no hay cosa más triste ni para los desdichados más alegre. ¿No habéis visto tal vez un modo de pinturas, que, si las miráis por un lado, os parece un ángel, y si por el otro, un demonio? Pues así es la muerte. Haceros heis á su mala cara dentro de breve rato, que la más mala no espanta en haciéndose á ella.
Muchos años serán menester, replicó Andrenio.
Sentóse ya en aquel trono de cadáveres, en una silla de costillas mondas, con brazos de canillas secas y descarnadas, sitial de esqueletos, y por cojines calaveras, bajo un deslucido dosel de tres ó cuatro mortajas, con goteras de lágrimas y randas al aire de suspiros, como triunfando de soberanías, de bellezas, de valentías, de riquezas, de discreciones y de todo cuanto vale y se estima.
Luego que estuvo de asiento, trató de tomar residencia á sus ministros, comenzando por el valido. Y cuando la imaginaran terrible: ¡Será horrenda y espantosa, al fin de residencia!, la experimentaron al revés, gustosa, placentera y entretenida y muy de recreo. Cuando aguardaban que arrojase en cada palabra un rayo, oyeron una y otra chanza. Y en vez de una envenenada saeta en cada razón, comenzó con lindo humor á entretenerse desta suerte:
Venid acá, pesares, decía, y no os me alleguéis muy cerca; más allá, más de lejos. ¿Cómo os va de matar necios? Y vosotros, cuidados, ¿cómo os va de asesinar simples? Salid acá, penas, ¿cómo va de degollar inocentes?
Muy mal, señora, la respondieron, que ya todos caen en la cuenta de no caer ni en la cama, cuanto menos en la sepultura. No se usa ya el morir de tontos; todo va á la malicia.
Apartaos, pues, vosotros matabobos, y salid acá vosotros, matalocos.
Saltó al punto la guerra con sus asaltos y choques.
¡Oh, amiga mía!, la dijo: ¿Cómo te va de degollar centenares de millares de franceses en España y de españoles en Francia? Que, si se sacase la cuenta de los que han muerto las gacetas francesas y relaciones españolas, llegaría sin duda á docientos mil españoles cada año y otros tantos franceses, pues no viene relación, que no traiga veinte y treinta mil degollados.
Es engaño, señora, que no mueren peleando al cabo del año ocho mil de ambas partes. Mienten las relaciones y mucho más las gacetas.