Porque no tuvo valor para vencerse á sí, mundo pequeño: sujetó toda la India; mas no su ira. Tampoco hallaréis la de César.

¿Ésa no, cuando yo creí fuera la primera?

Tampoco, porque gastó más sus aceros contra los amigos y segó las cabezas más dignas de vida.

Algunas hay aquí, que, aunque buenas, parecen quedar cortas.

No dijera eso el conde de Fuentes, á quien ninguna le pareció corta, con avanzarse, decía, un paso más al contrario. Estas tres son de los famosos franceses, Pepino, Carlo Magno y Luis Nono.

¿No hay más francesas?, preguntó Critilo.

No sé yo que haya más.

Pues ¿habiendo habido en Francia tan insignes reyes, tantos Pares sin par y tan valerosos Mariscales? ¿Dónde están las de los dos Virones? ¿La del grande Enrico Cuarto? ¿Cómo no más de tres?

Porque esas tres solas emplearon su valor contra los moros; todas las demás contra cristianos.

Muy metida en su vaina vieron una, cuando todas las otras estaban desnudas, ya brillantes, ya sangrientas. Riéronlo mucho; mas el Valeroso: