De verdad, dijo, que es heroica y llamada por antonomasia la grande.

¿Cómo no está desnuda?

Porque el Gran Capitán, su gran dueño, decía que la mayor valentía de un hombre consistía en no empeñarse ni verse obligado á sacarla.

Tenía otra muy brillante contera de oro fino y dijo:

Ésta fué la que echó á su vitoriosa espada el marqués de Leganés, derrotando al Invencible vencido.

Deseó Andrenio saber cuál había sido la mejor espada del mundo.

No es fácil de averiguar, dijo el Valeroso; pero yo diría, que la del rey Católico don Fernando.

¿Y por qué no la de un Héctor, de un Aquiles, replicó Critilo, más célebres y plausibles, por tan decantadas de los poetas?

La mejor
espada.

Yo lo confieso, respondió; pero ésta, no tan ruidosa, fué más provechosa y la que conquistó la mayor monarquía, que reconocieron los siglos. Esta hoja del Rey Católico y aquel arnés del rey Filipo el Tercero pueden salir dondequiera que haya armas: aquélla para adquirir y éste para conservar.