¿Quiénes son aquellos, preguntó Andrenio, que están como corridos, cubriéndose los rostros con las manos?
Aquellos son, les dijeron, no menos que el Cid español, el Roldán francés y el portugués Pereira.
¿Cómo así, cuando habían de estar con las caras muy esentas en el mejor puesto del lucimiento?
Es que están corridos de las necedades en aplausos, que cuentan de ellos sus nacionales.
Ya en esto se fué acercando el peregrino y suplicó la entrada para sí y sus dos camaradas. Pidióles el Mérito la patente y si venía legalizada del valor y autenticada de la reputación. Púsose á examinarla muy de propósito y comenzó á arquear las cejas, haciendo ademanes de admirado. Y cuando la vió calificada con tantas rúbricas de la filosofía en el gran teatro del universo, de la razón y sus luces en el valle de las fieras, de la atención en la entrada del mundo, del propio conocimiento en la anotomía moral del hombre, de la entereza en el mal paso del salteo, de la circunspección en la fuente de los engaños, de la advertencia en el golfo cortesano, del escarmiento en casa de Falsirena, de la sagacidad en las ferias generales, de la cordura en la reforma universal, de la curiosidad en casa de Salastano, de la generosidad en la cárcel del oro, del saber en el museo del discreto, de la singularidad en la plaza del vulgo, de la dicha en las gradas de la fortuna, de la solidez en el yermo de Hipocrinda, del valor en su armonía, de la virtud en su palacio encantado, de la reputación entre los tejados de vidrio, del señorío en el trono del mando, del juicio en la jaula de todos, de la autoridad entre los horrores y honores de Vejecia, de la templanza en el estanco de los vicios, de la verdad pariendo, del desengaño en el mundo descifrado, de la cautela en el palacio sin puerta, del saber reinando, de la humildad en casa de la hija sin padres, del valer mucho en la cueva de la nada, de la felicidad descubierta, de la constancia en la rueda del tiempo, de la vida en la muerte, de la fama en la isla de la inmortalidad, les franqueó de par en par el arco de los triunfos á la mansión de la eternidad. Lo que allí vieron, lo mucho que lograron, quien quisiere saberlo y experimentarlo, tome el rumbo de la Virtud insigne, del Valor heroico y llegará á parar al teatro de la Fama, al trono de la Estimación y al centro de la Inmortalidad.
TABLA
| SEGUNDA PARTE | ||
| Páginas. | ||
|---|---|---|
| [Crisi VII].— | El hiermo de Hipocrinda. | [1] |
| [Crisi VIII].— | Armería del valor. | [15] |
| [Crisi IX].— | Anfiteatro de monstruosidades. | [32] |
| [Crisi X].— | Virtelia encantada. | [43] |
| [Crisi XI].— | El tejado de vidrio y Momo tirando piedras. | [59] |
| [Crisi XII].— | El trono del mando. | [74] |
| [Crisi XIII].— | La jaula de todos. | [85] |
| [TERCERA PARTE] | ||
| [Crisi I].— | Honores y horrores de Vejecia. | [109] |
| [Crisi II].— | El estanco de los vicios. | [127] |
| [Crisi III].— | La verdad de parto. | [147] |
| [Crisi IV].— | El mundo descifrado. | [170] |
| [Crisi V].— | El palacio sin puertas. | [191] |
| [Crisi VI].— | El saber reinando. | [209] |
| [Crisi VII].— | La hija sin padre en los desvanes del mundo. | [234] |
| [Crisi VIII].— | La cueva de la nada. | [254] |
| [Crisi IX].— | Felisinda descubierta. | [274] |
| [Crisi X].— | La rueda del tiempo. | [291] |
| [Crisi XI].— | La suegra de la vida. | [310] |
| [Crisi XII].— | La isla de la inmortalidad. | [333] |
Acabóse de imprimir esta edición de
“El Criticón” conforme á los príncipes,
de 1653 cuanto á la “Segunda Parte”
y de 1657 cuanto á la “Tercera”,
en la imprenta “Renacimiento”
el día 15 de Julio
del año
MCMXIV