Dióles mucho gusto ver en uno pintado un grano de pimienta por empresa.
¿Cómo lo podrá divisar el enemigo?, dijo Andrenio.
¡Oh!, dijo, que el famoso general Francisco González Pimienta se avanza tanto al enemigo, que le hace ver y aun probar su picante braveza.
Vieron ya uno en forma de corazón.
¿Éste debía ser de algún grande amartelado?, dijo Andrenio.
No fué, sino de quien todo es corazón, hasta el mismo escudo, digo aquel gran descendiente del Cid, heredero de su ínclito valor, el duque del Infantado.
Había una rodela hecha de una materia bien extraordinaria, ni usada ni conocida.
Valerosa
prudencia.
Es, dijo, de la oreja de un elefante. Con ésta se armaba de igual valor á su mucha prudencia el marqués de Caracena.
¡Qué brillante celada aquélla!, celebró Critilo.