¿La misma, que las echó á luz?

Y hoy las oscurece. Ésta es la que teniendo dos hijas tan hermosas como viste, las mete en el fuego de su lascivia; dellas come y traga los buenos bocados.

Salióles de través otro monstruo, no menos raro. Era de tan exótica condición, de un humor tan desproporcionado, que, si le pegaban con un garrote de encina y le quebraban las costillas ó un brazo, no hacía sentimiento; pero, si le daban con una caña, aunque levemente, sin hacerle ningún daño, era tal su sentimiento, que alborotaba el mundo. Llegó uno y dióle una penetrante puñalada y la tuvo por mucha honra. Y porque llegó otro y le pegó un ligero espaldarazo con la espada envainada, sin sacarle una gota de sangre, lo sintió de manera, que revolvió toda su parentela para la venganza. Pególe uno á puño cerrado un tan fiero mojicón, que le ensangrentó la boca y le derribó los dientes y no se alteró. Y porque otro le asentó la mano estendida, coloreándole el rostro, fué tal su rabia, que hundía el mundo, haciendo estremos. ¿Pues qué? Si le arrojaban un sombrero, no sentía tanto, que le tirasen un ladrillo y le polvoreasen los sesos. No tenía por afrenta el mentir, el no cumplir su palabra, el engañar, el decir mil falsedades. Y porque uno le dijo; mentís: pensó reventar de cólera y no quiso comer hasta tomar venganza.

¡Qué raro humor de monstruo éste, celebró Critilo, entreverado de necedad y locura!

Así es, dijo el Sagaz, ¿y quién creerá que está hoy muy valido en el mundo?

¿Será entre bárbaros?

No, sino entre cortesanos; entre la gente más ladina.

¿Y no sabríamos quién es?

El duelo.

Éste es el tan sonado Duelo: dígole, el descabezado, tan civil como criminal.