De diciplina abajo, cualquier cosa; de oración yo no me entiendo, para ayunos no tengo salud. Ved cómo ha de ser, que yo he de entrar en el cielo.

Virtud
acomodada.

Paréceme, respondió Virtelia, que vos queréis entrar calzado y vestido y no puede ser.

Porfiaba que sí y que ya se usa una virtud muy acomodada y llevadera y aun le parecía la más ajustada á la ley de Dios.

Preguntóle Virtelia en qué lo fundaba, y él:

Porque desa suerte se cumple á la letra aquello de así en la tierra como en el cielo: porque allá no se ayuna, no hay diciplina ni silicio, no se trata de penitencia, y así yo querría vivir como un bienaventurado.

Enojóse mucho Virtelia oyendo esto y díjole con escandecencia:

Infierno
á pares.

¡Oh casi hereje! ¡oh malentendedor! ¿Dos cielos queríais? No es cosa que se usa; mirad por vos, que todos estos, que pretenden dos cielos, suelen tener dos infiernos.

Yo vengo, dijo uno, en busca del silencio bueno.