Ésta, que es la Justicia, os dirá dónde y cómo la habéis de buscar; esta segunda, que es la Prudencia, os la descubrirá; con la tercera, que es la Fortaleza, la habéis de conseguir; y con la cuarta, que es la Templanza, la habéis de lograr.
Resonaron en esto armoniosos clarines, folla acorde de instrumentos, alborozando los ánimos y realzando sus nobles espíritus. Despertóse un céfiro fragante y bañóse todo aquel vistosísimo teatro de lucimiento. Sintiéronse tirar de las estrellas, con fuertes y suaves influjos. Fué reforzando el viento y levantándolos á lo alto, tirándoles para sí el cielo, á ser coronados de estrellas. Subieron muy altos, tanto que se perdieron de vista. Quien quisiere saber dónde pararon, adelante los ha de buscar.
CRISI XI
El tejado de vidrio y Momo tirando piedras.
Llegó la Vanidad á tal extremo de quien ella es, que pretendió lugar y no el postrero entre las Virtudes. Dió para esto memorial, en que representaba ser ella alma de las acciones, vida de las hazañas, aliento de la virtud y alimento del espíritu.
No vive, decía, la vida material quien no respira, ni la formal quien no aspira. No hay aura más fragante ni que más vivifique, que la Fama, que también alienta el alma, como el cuerpo, y es su purísimo elemento el airecillo de la honrilla. Esfuerzos
de la honra. No sale obra perfecta sin algo de vanidad ni se ejecuta acción bien sin esta atención del aplauso. Parto suyo son las mayores hazañas y nobles hijos, los heroicos hechos. De suerte que sin un grano de vanidad, sin un punto de honrilla, nada está en su punto, y sin estos humillos nada luce.
No pareció del todo mal la paradoja, especialmente á algunos de primera impresión y á otros de capricho. Pero la razón, con todo su maduro parlamento, abominando una pretensión tan atrevida:
Ensanches
á la naturaleza.
Sabed, dijo, que á todas las pasiones se les ha concedido algún ensanche, un desahogo en favor de la violentada naturaleza: á la Lujuria el matrimonio; á la Ira la corrección; á la Gula el sustento; á la Envidia la emulación; á la Codicia la providencia; á la Pereza la recreación, y así á todas las otras demasías; pero á la Soberbia, mirad qué tal es ella, que jamás se le permitió el más mínimo ensanche. No hay que fiar; toda es execrable. Vaya fuera, fuera, lejos, lejos. Bien es verdad que el cuidado del buen nombre es una atención loable, porque la buena fama es esmalte de la virtud, premio, que no precio. Hase de estimar la honra, pero no afectar. Más precioso es el buen nombre, que todas las riquezas. En no estando la virtud en su buen crédito, está fuera de su centro y quien no está en la gloria de su buena fama forzoso es que esté condenado al infierno de su infamia, al tormento de la desestimación, más insufrible á más conocimiento. Es la honra sombra de la virtud, que la sigue y no se consigue, huye del que la busca y busca á quien la huye, es efecto del bienobrar, pero no afecto, decorosa al fin diadema de la hermosísima Virtud.