No faltó quien les dijo hallarían la honra en la riqueza.

No puede ser, dijo Momo, que honra y provecho no caben en ese saco.

Encamináronse á casa de los hombres famosos y plausibles y hallaron se habían echado á dormir. Encontraron un caballero nuevo corriendo ilustre sangre y al punto dijeron:

Éste sí que sabrá della.

Halláronle, que estaba sudando y reventando, más que si llevara un mundo á cuestas. Gemía y suspiraba sin cesar.

¿Qué tiene este hombre?, dijo Andrenio. ¿De qué trasuda?

¿No ves, dijo Momo, aquel punto indivisible, que carga sobre sus hombros? Pues ése es el que le abruma.

Mirá ahora, replicó Andrenio, qué Atlante parando espaldas á un cielo, qué Hércules apuntalando la monarquía de todo el mundo.

Punto de honra.

Pues ese puntillo, ponderó Momo, les hace á muchos sudar y tal vez reventar: por conservar aquel punto en que se metió ó le metieron anda toda la vida gimiendo, fáltanle las fuerzas, añádense las cargas, crecen los gastos, menguan las haciendas y el punto no ha de faltar.