¿Y por qué?
Porque revientan de honrados.
Caro les cuesta la negra de la honrilla.
Y lo peor es que, cuando más la piensan conseguir, entonces la alcanzan menos, perdiendo tal vez la vida y cuanto hay.
No os canséis, dijo uno, que no la hallaréis en toda la vida, sino en la muerte.
¿Cómo en la muerte?
Sí, que aquel día es el de las alabanzas y tras la muerte le hacen las honras.
¡Oh, qué donosa cosa!, dijo Andrenio. En un saco de tierra poca honra cabrá. Cara es la honra, que cuesta el morir y, si un muerto es tierra y nada, toda su honra será nonada.
Mucho es, ponderaba Critilo, que ni hallemos á Honoria en su corte ni la honra en una tan populosa ciudad.
Honra y en ciudad grande, dijo Momo, muy mal se encuadernan. En otro tiempo aún se hallara la honra en las ciudades; pero ya está desterrada de todas. Asegúroos que todo lo bueno se perdió en ésta, el día que echaron della aquel gran personaje, tan digno de eterna observación y conservación, á quien todos respetaban por su gran caudal y gobierno. El salía por una puerta ¡qué lástima! y todas las ruindades entraban por otra, ¡qué desdicha!